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Kiro, el soñador


Relatos de Fantasía

03-06-2008 14:29
Por: eddgomez

Historia de un ser diferente en las tierras de Kimerian.


relato, fantasía, china
Exordio

Kiro iba noche tras noche a observar aquel libro y sus imágenes. Algunas de ellas eran similares a las de sus sueños. Al observarlas, sentía un enorme deseo de comprender qué eran o para qué servían; tal vez si lo descubría podría encontrar respuestas a sus preguntas. Kiro se sentaba en un rincón con aquel libro sobre sus piernas. Veía una y otra vez cada ilustración, al punto tal que conocía de memoria cada detalle de ellas.

¿Qué haces aquí, Kiro? -éste se puso de pie rápidamente, el libro cayó al suelo y se deslizó varios metros-. ¿Por qué me has desobedecido, Kiro? He sido benevolente contigo. Te he dado una existencia libre de dolor y cargas, y decides pagarme con esto, buscando aquello que te llevó a la destrucción.

Kiro estaba inmóvil en la oscuridad. Sus ojos no necesitaban luz para ver las cosas; sabía que Naberus estaba a escasos metros de él. Podía ver cada grabado de aquella mascara dorada, cada pliegue de esa larga capa negra con bordados de hilos de cristal.

-Señor, sólo quería comprender las imágenes…

La voz de Naberus retumbó en toda la biblioteca:

-Cállate, me has desobedecido. Has pagado con ingratitud mi benevolencia. Acabaré con tu existencia ahora, antes que contamines a los demás.

Dejar de existir. Kiro pensó que si esto ocurría nunca sabría el significado de esas imágenes, nunca más vería esos colores que le traían esas sensaciones a su ser. Descubrió que en verdad quería ver esos lugares y esos seres con sus propios ojos; saber si existían, aunque Naberus le había dicho que fuera de los muros de la fortaleza no existía nada. Él se negaba a la idea de que sólo existiese aquella fortaleza y nada más.

Naberus levantó su mano. El aire a su alrededor se tornó brillante. Una esfera incandescente se formó en su palma. Kiro buscó el libro con su vista. Quería verlo una vez más. Quería ver esas imágenes. No quería morir. La esfera de energía se aproximaba hacia él produciendo un agudo zumbido en el aire e iluminado todo el lugar con un rojo intenso.

Kiro sólo atinó a anteponer sus manos y cerrar los ojos. Sintió una enorme presión entre sus manos. Al abrir los ojos observó cómo contenía aquella esfera de energía entre sus dedos, la sujetaba como si se tratase de una bolsa de cuero llena de agua. Lentamente ésta fue menguando, el cuerpo de Kiro absorbía la energía llevándola a su interior. La presión hacía temblar los estantes, los libros cayeron al suelos, algunos ardieron en llamas rojas. Hasta que toda la energía fue absorbida.

Kiro desconocía lo que sucedía. Podía sentir cómo aquel poder llenaba su interior, cómo se movía en su ser llenando todo con un calor insoportable e incontrolable. Imágenes comenzaron a presentarse en su cabeza, miles de imágenes, personas, lugares, cosas, momentos; todo al mismo tiempo. Sujetó su cabeza. Sentía que iba a estallar.

-¿Así se siente dejar de existir? ¡No quiero dejar de existir!

Debajo de la máscara de Kiro brillaba una luz, parecía estar entre la piel y el metal. La intensidad de la luz se hacía más intensa a cada instante. El área de la máscara que cubría su frente simplemente comenzó a quemarse como si de papel se tratara, dejando ver un cristal incrustado en la piel de Kiro.

Kiro gritó. El cristal brilló con una luz cegadora que iluminó cada rincón de la titánica biblioteca. Una onda de presión salida de su cuerpo destruyó todos los estantes que estaban cerca y también el muro que estaba detrás de él, dejando ver un oscuro largo túnel que tal vez había permanecido oculto por siglos. Ni siquiera Naberus, quien observaba el suceso sin saber a ciencia cierta qué era lo que ocurría, sabía de su existencia.

Kiro quedó tendido en el suelo entre madera destruida, trozos de pared y libros chamuscados. Naberus no sabía si había cumplido su cometido. Pero pronto se daría cuenta del resultado al ver que Kiro se arrastraba en el suelo. Éste tomó aquel libro lleno de imágenes y lo apretó contra su pecho. Naberus dudó por un instante. No sabía si debía atacarle otra vez, era posible que se repitiera ese extraño suceso de absorción, pero Kiro no estaba atento a la presencia de su señor; sólo se aferraba al libro y murmuraba unas palabras: No dejaré de existir. Las repetía una y otra vez casi frenéticamente.

Naberus decidió atacar, pero antes de que pudiese concentrar suficiente energía en su ataque, Kiro se puso de pie. Ambos se observaron por un muy breve instante. El metal de la máscara casi destruida de Kiro aún humeaba.

-¡No dejaré de existir! -gritó Kiro antes de correr hacia el pasadizo recién descubierto. Naberus desató su ataque, pero Kiro lo evitó mientras corría, logrando entrar al corredor y escapar, talvez momentáneamente, del castigo de su señor.


Kiro corrió durante mucho tiempo. Sus piernas eran incansables. Tal vez corrió por días en aquellos túneles. Nunca miraba atrás, sólo corría apretando aquel libro contra su pecho. Era todo lo que tenía y quería poseer. Era su derecho a existir, su motivo para existir.

Una luz tenue se abría paso en la oscuridad, parecía ser una salida. Kiro apresuró aún más su marcha, hasta que al fin logró salir de aquel túnel. Era de noche, la luna de Kulja estaba en su cenit e iluminaba el denso bosque al que Kiro había llegado. El ambiente era pesado. El bosque parecía respirar, murmurar palabras ocultas en el cantar de los insectos. Kiro era un ser de pocas emociones y sensaciones, y es que la vida en aquella fortaleza no requería de ellas, pero ahora estaba en un lugar diferente que hacía brotar aquellas facultades del alma. Porque pese a lo que Naberus le había dicho, Kiro poseía alma y vida como aquel bosque.


Un mar azul se extendía hasta el horizonte lejano. El agua cambiaba su color azul por amarillo y se convertía en las arenas de un desierto interminable. Del suelo surgieron árboles milenarios de un verde radiante, el suelo se cubrió de hierba. El viento sopló y cambió nuevamente la forma de todo, ahora los árboles eran seres de distintas razas que hablaban al mismo tiempo lenguas diferentes. Todos los seres se convirtieron en vapor y formaron una sola figura, un ser con una máscara dorada y una túnica negra. Ahora el suelo era un libro tan grande como el mar o el desierto…

relato, fantasía, china
-¡Oye! ¿Estás bien, chico? Éste no es un buen lugar para dormir. -Kiro abrió sus ojos con sobresalto. Se puso de pie rápidamente-. No te asustes hijo, no te voy a hacer daño. -Kiro observaba a aquel ser. Era un hombre de larga y desalineada barba gris con ropa harapienta y un gran bulto en la espalda del cual sobresalían hierbas y otras cosas-. ¿Qué haces aquí, chico? ¿Estás perdido, chico? -Kiro lo observaba. ¿Cómo era posible? Existen seres fuera del muro. ¿Por qué Naberus le había dicho que no existía nada ni nadie?-. ¿No puedes hablar o no me entiendes, chico? ¿Comprendes lo que te digo? -Kiro asintió con la cabeza-. ¿Cómo te llamas, chico? -El anciano le observaba, en especial aquel cristal en su frente. ¿Un deomon con máscara de shaide en medio de un bosque? No era algo que ocurriera muy a menudo.

El viejo se preguntaba qué hacía en esas tierras. Hacía décadas que no veía a alguno, y menos uno que cubriera su rostro con una máscara rota de metal en vez de vendas, que era lo usual.

-Kiro, me llamo Kiro -ese nombre era tan extraño para un deomon como su presencia en aquel lugar, pero el anciano desistió de hacer más preguntas por el momento.

-Bueno, Kiro, mi nombre es Yeldo. No sé a dónde vas ni de dónde vienes, pero si lo deseas puedes seguirme hasta mi casa y descansar un rato antes de seguir tu camino. Éste no es un buen lugar para estar solo.

Yeldo se dio vuelta y comenzó a caminar sin decir más. Kiro lo observó. Era posible que él tuviera respuestas a sus sueños o que al menos le explicara cómo era posible que existiera algo fuera de los muros de la fortaleza, así que decidió aceptar la invitación. Siguió sus pasos a través del bosque, ambos marchaban en silencio. Kiro contemplaba todo con cierta mezcla de asombro y curiosidad. Los jardines de la fortaleza eran menos que un huerto comparado con este lugar. Los árboles parecían columnas que sostenían el cielo.

Todo llamaba la atención de aquel ser, parecía un visitante en un mundo extraño, pero que le parecía familiar. Veía las liebres y los pájaros como si esperara que también le hablasen como lo hizo aquel anciano. El anciano, otro enigma para su mente. Cada detalle de aquel ser era motivo para mil preguntas: ¿Por qué no usaba máscara? ¿Por qué tenía esos surcos y pliegues en la piel? ¿Por qué su cabello era gris? ¿Había más como él o acaso era el único? ¿Por qué le llamaba “chico”?

Los caminantes llegaron hasta una pequeña cabaña destartalada y rústica situada en un pequeño claro. Dentro de la cabaña no había más que una cama, una mesa, un estante con hierbas, frascos y otras cosas y un caldero sobre un fogón. El anciano colocó su bulto en un rincón.

-Y dime, chico, ¿de dónde vienes? -Kiro estaba de pie, sujetaba el libro contra su pecho como si se fuese a escapar en cualquier momento. Yeldo suponía que ése era su libro de conjuros, por eso se abstenía de hacer algún comentario al respecto. Los deomones, según sabía, eran un tanto excéntricos con sus grimorios.

-Vengo de la fortaleza -respondió Kiro.

Yeldo echaba algunas cosas en el caldero.

-¿La fortaleza? Existen muchas fortalezas en Kimerian, chico. Me podrías decir… -al escuchar esa palabra extraña, Kiro no pudo evitar interrumpir a Yeldo y preguntar qué significaba. El anciano se sorprendió ante tal pregunta-. Chico, ¿no sabes qué es Kimerian? -Kiro negó con la cabeza-. Estás parado en Kimerian, esto es Kimerian, este lugar, este planeta, esta dimensión. ¿Acaso eres un viajero de los planos? -Aunque Kiro no sabía qué era “un viajero de los planos” volvió a negar con la cabeza-. ¿Has perdido la memoria o te la borraron con algún hechizo?

Hechizo, otra palabra desconocida para Kiro, quien sólo atinaba a negar todo moviendo la cabeza.

-Si te pido que me cuentes cómo llegaste aquí, ¿lo harías? -Kiro dudó por un momento. Era posible que aquel anciano también intentase castigarle, pero podía huir de nuevo como lo hizo la primera vez.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Interesante
07-08-2008 17:59
El planteamiento me ha parecido interesante, pero alargar tanto las dudas del lector y sobre todo dejar tantas cosas en las brumas, pasando antes al combate que aclarando cuestiones sobre la ambientación le resta efectividad.

Veremos como se desarrollan las siguientes entregas :-)

   Gracias
05-06-2008 18:56
en verdad me alegra mucho el que hayan aceptado mi trabajo. si mal no recuerdo, les envie 4 capitulos, pero ya tengo hecho el numero ocho, solo esperando que le llegue la hora.

me gustaria saber a que se refiere con el efecto ping pong, para asi mejorarlo, gracias.

   Un escenario original
04-06-2008 10:51
Me ha gustado el planteamiento de la historia y que el marco donde se desarrolla escapa del tópico. No obstante, creo que formalmente deberías pulirla más, pues hay muchas repeticiones de nombres -he quitado ya algunas- y un cierto efecto ping-pong en los combates que no ayuda a la fluidez del texto.

Las siguientes entregas irán saliendo en breves (las he separado por cuestiones de extensión)




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