Mayo del 68, de la pared al papel |
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29-05-2008 14:22
Por: Gerard Puig
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Edhasa recopila las pintadas revolucionarias de los estudiantes de Mayo del 68 en el libro "Sed realistas, pedid lo imposible. Pintadas, eslóganes y carteles del mayo francés"
Hace cuarenta años las alergias que trajo la primavera parisina no tenían que ver con el polen. Tenían que ver con el poder, el del General De Gaulle, tenían que ver con los sueldos ridículos de los trabajadores y con la frustración de los estudiantes ante una sociedad “enferma de recato”. Las flores de mayo se escondieron ese año tras los adoquines que volaban por las calles de París, esperando alcanzar la cabeza de algún policía, durante esas jornadas de huelga y revolución que el mundo recuerda ya con nombre propio como el Mayo del 68.
Hoy, celebrando las cuatro décadas de una revolución, fracasada como acto pero no como símbolo, han aparecido docenas de libros que cuentan, analizan, critican o alaban lo que sucedió esos días en las calles de París. Concienzudos análisis, reflexiones filosóficas, e incluso el, como poco, provocador Mayo del 68 explicado a Nicolas Sarkozy de André y Raphaël Gluksmann.
En este contexto a uno no le queda más que preguntarse ¿qué más necesito saber? ¿Qué más me pueden contar? El escritor Manuel Serrat Crespo, autor de Sed realistas, pedid lo imposible. Pintadas, eslóganes y carteles del mayo francés, contesta con este libro que nada, que ya se ha dicho todo o casi todo. Pero no porque no necesitemos saber más de esa primavera, simplemente cree que es tiempo que callemos un poco y “dejemos que los muros hablen”.
Con apenas cuatro páginas de texto, correspondientes al nostálgico y precioso prólogo de Serrat Crespo, el grueso de Sed realistas, pedid lo imposible, publicado por Edhasa en su colección de aforismos, está formado íntegramente por frases, eslóganes y proclamas escritas por estudiantes y huelguistas en las paredes de la capital francesa.
Millonarios de todos los países, uníos; el viento cambia. Borregos devotos de votos. Las paredes tienen oídos, vuestros oídos tienen paredes. Un solo fin de semana no revolucionario es infinitamente más sangriento que un mes de revolución permanente. Son frases contestatarias contra el poder y la sociedad, gritos a la rebelión, pero no eran las únicas. También había cantos a la libertad y al amor, poemas escritos en las paredes de una ciudad gris que, poco a poco, se iba tiñendo de un rojo más intenso que el de las flores de mayo de otros años.
El publicitario Lluís Bassat, que presentó el libro en Barcelona, calificó el mayo del 68 como “la explosión del slogan”, asegurando que muchas de las frases que aparecen en el libro “podría haberlas escrito el mejor redactor publicitario de hoy en día”. Otras “podría haberlas escrito un filósofo, y en cambio las escribió un estudiante, quizá de filosofía, quizá no, en un muro”. También hay pintadas que apelan directamente al sentido del humor como fuente de liberación, como la genial Soy marxista tendencia Groucho; Te amo, díselo con adoquines; El alcohol mata, tomad LSD o ¡No me gusta pintar paredes!
Otras frases son mucho más directas y simples: Gozad aquí y ahora. Las libertades no se dan, se toman. Existe. ¿Quién va a dejar que le den por el culo? La economía está herida, que reviente. Civismo rima con fascismo. Prohibido prohibir. ¡Tened ideas! “Cómo me gustaría –aseguró Bassat- que me dejaran llenar toda España con vallas que dijeran ¡tened ideas!”.
Manuel Serrat Crespo es ahora, además de escritor y un prestigioso traductor del francés, Chevalier dans l'Ordre des Palmes Académiques y Officier des Arts et des Lettres, algo que nunca hubiera podido imaginar cuarenta años atrás cuando mandó “el trabajo y al jefe a hacer puñetas” y se montó en el primer tren hacia Francia, a vivir el momento, a arrojar adoquines contra la policía y a apuntar en su libreta algunas frases sueltas que encontraba en las paredes y que, necesariamente, acabarían convirtiéndose en germen de este libro.
Según el autor, el libro “deja la palabra al mayo del 68”, no intenta analizarlo porque eso “ya lo han hecho otros”. Serrat Crespo quiso insistir también en la vigencia de muchas de las frases que aparecen en Sed realistas, pedid lo imposible, a cuyos autores compara, bromeando, con “una especie de Nostradamus”, ya que muchas de sus quejas, predicciones y temores “siguen siendo perfectamente válidos”.
Cabe destacar, por último, el excelente trabajo del diseñador Jordi Sala, a quien Serrat Crespo dijo que pertenece “el cincuenta por ciento del libro”. Más allá del diseño de portada, sencillo y sobrio pero a la vez atractivo, y de la acertada elección del tamaño (apenas unos 18x11 centímetros) que demuestra que, aún en un libro donde priman las imágenes, no es necesario recurrir a los grandes formatos, el diseño interior está extremadamente cuidado. Muchas y variadas tipografías, montajes pretendidamente caóticos y una impresión a dos tintas, en violento rojo y negro, muy poco habitual pero absolutamente necesaria en un libro que pretende revivir, tal vez incluso recuperar, un espíritu revolucionario y unas ganas de cambiar el mundo que pocas veces, acaso ninguna, se han vuelto a ver desde mayo del 68.
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