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Una de piratas


Otros Relatos

28-05-2008 12:31
Por: Queen of tales

Relato inspirado en una noticia actual.


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Miraba Madrid desde la ventana del avión. “Qué pequeñas se hacen las cosas en el aire”, me dije y bajé la persiana. Era mi primer servicio como jefe, mi primer gran caso, y parecía mentira que el destino me tuviese preparado este guiño. Era una broma tan cruel que hasta última hora no había sabido si subirme al avión o quedarme en tierra para siempre. Aquellos recuerdos… aquellos años en el mar perdido…

-Félix -oí una voz proveniente de atrás. Era Joaquín que, por ser el primer caso, me iba a supervisar de cerca-. No pienses, simplemente actúa y, cuando te quieras dar cuenta, habremos salvado a los secuestrados.

Secuestrados… un escalofrío recorrió mi espalda hasta perderse en una mueca en mi boca. Secuestrados… esa palabra era un mar en sí mismo, un tormento. En apenas unos segundos retrocedí veinte años atrás. Me vinieron imágenes vagas de un barco pesquero de los más pequeños que había por entonces, y mi padre mandando a los marineros.

-¡Cortad los mástiles! -gritaba mientras intentaba maniobrar en la tempestad.

Había estado lloviendo toda la tarde y, con la llegada de la noche, había aparecido un fuerte oleaje que impedía mantenerse en pie. En la penumbra había aparecido una lancha motora que se perdía a cada ola y volvía a resurgir con mayor fuerza. Pronto se confirmaron las sospechas de mi padre y de la tripulación. Eran piratas...

-Félix…¿me oyes? -volvió a interrumpir Joaquín mientras me zarandeaba de forma suave-. Estabas delirando… -intentó bromear pero en seguida se puso serio-. Toma -me tiró el periódico.

Con las manos temblando, abrí con lentitud El País.

“Se forma una comisión especial para el rescate del atunero Playa Bakio.

España descarta una operación militar para capturar a los secuestradores y recuperar el dinero una vez liberados los rehenes. El Centro Nacional de Inteligencia se encargará de realizar (...) Según palabras de Félix Suárez…”

-Félix, métete en el camarote -ordenó mi padre mientras intentaba dominar el barco.

Ahora se veía con toda claridad a los piratas. No tenían parches en los ojos, ni patas de palo, ni loros que cantasen viejas melodías en la tierra ya olvidadas. Traían fusiles.

Sentí cómo mi padre me arrastraba del brazo hacia dentro y de un empujón entré en el camarote. Estaba oscuro y el movimiento se hacía aún más patente dentro del barco. Pasé unos minutos en silencio, agarrándome con todas las fuerzas a la barandilla. Respirando fuerte. Pensando.

Hacía cada vez más frío, sentía cada ola que chocaba con el barco como si se clavase en mi corazón, oía cada grito que desgarraba el aire e interrumpía la tormenta, cada bramido que soltaba mi padre probablemente al ver que los piratas estaban más cerca.

Decidí actuar. Busqué a tientas entre las cajas de comida y de cebo. Saqué varias latas. Buscaba el pequeño revolver de mi padre. Una lata en conservas. Revolví el fondo. Nada. No estaba…yo mismo había sido el que se había encargado de guardar allí el arma. Oí un disparo. Cesaron los gritos de los marineros. Sólo se oía la tormenta…


Sentí movimiento. Abrí los ojos. El avión acababa de llegar a Somalia.

Varios agentes de la gendarmería francesa estaban esperando. No tardaron más de diez minutos en meterme en un mercedes negro.

-Debemos actuar rápido -dijo el copiloto. Por su voz distinguida supe en ese momento que me estaba hablando el agente que llevaba el caso en Somalia. Tenía un fuerte acento francés-. Usted será el encargado de llevar a cabo el “trueque”.

-¿Trueque? -la voz me salió gangosa y adormecida.

-Por Dieux, Monsieur Félix, pensaba que tenía claro cual sería su cometido en cuanto llegase. Usted llevará el maletín con el dinero y se lo entregará a los piratas.

Tardé varios segundos en responder. La adrenalina comenzaba a hacer efecto. Notaba cada músculo en tensión, cada respiración costosa.

-Pensé que yo sería el encargado de llevar las operaciones como representante del centro nacional de inteligencia -y miré a Joaquín que se encontraba a mi lado, intentando conseguir su apoyo.

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-¿No se ha dado cuenta de por qué le han seleccionado? ¿Por qué justo ahora ha sido promocionado? Usted ya presenció lo que es un ataque pirata. ¿Quién mejor para llevar a cabo la negociación? -respondió el francés.

Me distraje un largo rato mirando el paisaje, al fondo se veía el mar…

-¿Cuándo tendrá lugar? -dije en apenas un susurro.

-Esta noche.

En mi mente retumbaba el disparo que acababa de oír. Abrí el camarote y subí a cubierta. Supe desde el primer momento que lo que iba a presenciar a continuación, si salía con vida, se quedaría grabado de por vida en mi cerebro. El barco con los mástiles destrozados, los atunes saltando de un lado a otro del barco, boqueando, intentando encontrar agua donde solo había aire. Pero los atunes no eran los únicos que estaban desesperados. Los marineros hacían un último esfuerzo por evitar lo inevitable...

La lancha nos estaba dando alcance. Ya se podían apreciar con total exactitud las facciones de las caras de los piratas, las mandíbulas grandes con los dientes dorados, exhibiendo muecas desagradables mientras enseñaban los fusiles y disparaban al cielo. Podía ver sus sonrisas por la victoria inminente…


-¿Recuerdos? -Comentó Joaquín mientras estudiaba detenidamente mi expresión-. Jamás pensé que te encomendarían hacer semejante tarea… no he tenido nada que ver. Recibí una orden directa del ministerio.

Habían pasado varias horas desde que había hablado con el general al mando de la gendarmería francesa y, desde entonces, sólo había conseguido hacer que el tiempo transcurriese de forma más lenta. Ahora me encontraba en el puerto de Somalia, observando con atención la altura de las montañas que había no muy lejos de allí.

-En apenas unos minutos saldrás con un maletín esposado al brazo. Caminarás con movimientos lentos y seguros, sin hacer ningún ademán o movimiento brusco…

-Sé cómo debo actuar -le corté de mala manera. Hasta ahora había permanecido calmado pero la situación empezaba a ponerme más y más nervioso.

-Entiendo -dijo mientras se levantaba y unos guardias comenzaban a esposarme al maletín-. Sólo recuerda que lo más importante es que salgan todos con vida. Entrégales el maletín y olvídate del resto.

Asentí una última vez y miré cómo se marchaba. Ahora todo quedaba en manos de la agencia francesa. Subí a una fragata acompañado del general, asiendo con fuerza el maletín plateado que se había anexado a mi cuerpo. Desde ahora en adelante era el pasaporte que podía decidir mi vida.

-La entrega se hará en una hora. De momento, por seguridad, estarás dentro del camarote. No queremos más disgustos -afirmó mientras se despedía y me dejaba dentro.

Me senté en un cómodo sillón desde el que se veían las montañas de la costa de Somalia. Oí el primer rugido del motor y noté cómo se comenzaba a poner en marcha la pesada máquina. Un olor a salitre inundó mis fosas nasales y, como si hubiese estado esperando años, hinché los pulmones de aire con olor a mar.


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La lancha motora estaba a escasos metros. Había seis piratas, cinco apuntándonos. El fuerte oleaje impedía que se pudiesen acercar más. Silencio. Ya no se oían truenos ni el chocar de las olas, pero aún así los zarandeos eran cada vez más agresivos. A cada subida perdíamos de vista a los piratas, pero después nos los volvíamos a encontrar con la misma cara seria, con el mismo semblante de superioridad.

Y por primera vez, oí la voz de un pirata. Sonó más fuerte que los truenos, más rabiosa y encabritada que el mar.

-Ship, ship -gritó mientras señalaba el barco y nos hacía un gesto claro con la mano de que si no obedecíamos sería lo último que hiciésemos en la vida.

-¡Out! -y gritó aún más fuerte. Pero la palabra se perdió en la tormenta con la subida del atunero y la consiguiente bajada de la lancha.

Según aparecieron de nuevo dispararon varias veces, esta vez al pescador que se encontraba más cerca de ellos. Cayó muerto al mar.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Inconcluso
28-05-2008 13:08
Me ha gustado la idea y el desarrollo, pero al final me he quedado un poco en el limbo, como si la historia no estuviera bien cerrada o hubiera una ruptura en el ritmo. No sé muy bien cómo explicarlo...




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