|CINE Y DVD| VIDEOJUEGOS | MÚSICA| LITERATURA | COMICS | MANGA|TECNOLOGÍA|TIEMPO LIBRE
|    DRAGONMANIA     |   Juegos de rol   |   Miniaturas   |   Juegos de cartas   |   Literatura  |  Juega y Fórrate 
| Publicidad | Concursos | Foros |
  Noticias |  Reseñas |  Fantasía |  Ficción |  Terror y Suspense |  Poesía |  Otros Relatos |  Opinión |  Ranking |  Actividades |  La Galería |  Juegos para tu móvil |  Tienda Libros

Bingo


Terror y Supense

22-05-2008 14:56
Por: Variwell

Éste es un ejercicio de policial que en un principio iba a presentar para concurso, pero después cobró vida propia y se alargó, así que bon apetit.


relato, suspense, policiaco
1.

Elías estaba enloqueciendo.

Dos meses antes de que lo enviaran a la vieja estación de control de aquel pueblo bautizado como República de Marruecos tuvo la certeza de que así ocurriría, pero no hizo nada más que cuadrarse ante su oficial superior con el acostumbrado: Señor, sí, señor y tragarse su angustia.

Bueno, después de todo, no todo era tan malo, pues se le presentaba la oportunidad de dejar una buena cantidad de cuentas impagadas, y además, dado que era el Gobierno quien lo llamaba a servicio en tierras extranjeras, no tendría que hacerse cargo de la manutención de Samuel, su último hijo. Siempre acostumbraba dejar hijos en todas partes, llevaba sus nombres en una libreta y elegía uno por mes para enviarle algún dinero, pues con su sueldo como guardia civil no le alcanzaba para más. Decía que así, cuando fuera viejo, y sobre todo, rico, al menos tendría tipos a los cuales escribirles o invitar a salir de copas, sin temor de que a la salida lo apuñalaran por la espalda, o le robaran dejándole inconsciente en la mesa de algún bar. Por último, en sus años de vejez, donde no se suele encontrar sentido a muchas cosas, al menos podría pasar el tiempo inventando disculpas.

El problema con la estación de control de República de Marruecos era que no había más personal que él; el segundo, que no podía salir de la estación. La orden al respecto era perentoria. Por lo demás, no había que preocuparse por la comida, pues un camión de reparto pasaba puntualmente a dejarle provisiones todos los días viernes, durante las mañanas. El tercer problema era la comunicación: no había internet, ni siquiera un maldito teléfono y el computador apenas tenía para entretenerse un solitario y un Carta Blanca. Su único contacto con el exterior era la radio de la estación. Los periódicos no llegaban. Además, Nueva Marruecos era un pueblo demasiado tranquilo, nunca pasaba nada, al punto que no había más cuerpo policial que el de bomberos, ya que, como habían pasado meses desde el último incendio, cumplían una doble función, apoyados por si acaso por la Junta de Vecinos, que por su parte actuaba como registro civil y juzgado de turno, cuando alguien decidía casarse.

Ni siquiera había gente en la calle. La verdad, las personas sólo salían de sus casas para hacer sus compras y siempre lo hacían a la carrera, como si le temieran a algo, o a alguien.

El aburrimiento era el mayor problema. Y en su soledad, parado cada mañana frente a la ventana de su oficina, mirando la escasa actividad en la calle, Elías llegaba a retorcer sus puños de rabia, o desesperación, quién sabe. Además, como no fumaba, ni bebía, tampoco le quedaba alguno de estos consuelos. A veces el tedio, transformado con el paso de los días en tristeza, le hacía sentir deseos de llorar, cosa que le sorprendía, a él, un hombre fuerte, seguro de sí mismo, que pocas veces había llorado por algo, o por alguien. Esto aumentaba cuando algún pueblerino, las pocas veces que alguien pasaba frente a su ventana, lo reconocía, ahí en su puesto, y Elías levantaba una mano y sonreía, pero a cambio no obtenía nada, cosa que le dolía. Había noches en que se desquitaba pateando hasta cansarse la vieja caja fuerte que había en el sótano de la estación. Nunca quiso preguntar qué había dentro, ni le interesaba.

Pero todo cambió cuando ocurrió un asesinato.

Lo supo no por la radio, sino por la conversación de un par de vecinas, de sombrero y tapadas hasta el cuello, que acaso se habían parado a discutir el asunto cerca de la estación ex profeso para que Elías escuchara y quedara el tanto, tal vez en un gesto instintivo por recurrir a alguien, aunque fuera a un extraño como él.

Elías, que se había dejado crecer la barba, se bañó —llevaba días sin hacerlo—, se afeitó, desempolvó el uniforme de reserva que tenía en el armario, revisó su revólver, que aceitaba una vez a la semana, por simple rutina, y se dirigió al lugar del suceso. A pie. Aquella caminata le pareció un regalo del cielo, y mientras disfrutaba de esa mañana de sol casi primaveral, haciendo sinceros esfuerzos para no sonreír a las pocas personas que veía y saludaba, las cuales se apartaban temerosas como si él representara algún peligro para ellas, iba pensando en la orden que le habían dado de que bajo ningún motivo, pasara lo que pasara, abandonara la estación de control. Al final se conformó pensando en que podría justificar su desobediencia dado lo grave e inusitado de la situación, pues de lo que sabía, nunca había ocurrido un asesinato en Nueva Marruecos, pues era tan tranquila como una foto.

relato, suspense, policiaco
2.

-Gustavo Ronaldo, cincuenta y seis años -dijo el señor Martínez, capitán del Cuerpo de Bomberos de Marruecos y, asimismo, jefe honorario del Cuerpo Policial. Era un hombre de contextura recia, cabello cano y tenía una edad similar al difunto-. Vivía solo y no se le reconocen parientes ni amistades. No hay señales de violencia ni nadie forzó la cerradura, por lo que sería posible presumir que el señor Ronaldo tal vez conocía al agresor. Por lo que se aprecia a simple vista, creemos que murió durante la noche, aunque la autopsia del señor Sánchez deberá confirmarlo.

Miró a Elías y, seguido, al señor Sánchez, uno de los tres médicos que vivían en Nueva Marruecos, aunque según los datos que Elías manejaba, él era el encargado de certificar las defunciones, cuando las había. Casi siempre se trataba de paros cardíacos o neumonías; el único caso más o menos extraordinario se debió a una muerte por intoxicación con alimentos, un año atrás. En Nueva Marruecos casi no había niños, y dado que era un pueblo nortino, la mayor parte de los jóvenes emigraban a las ciudades en busca de mejores oportunidades.

-Lo estrangularon -dijo Elías luego de retirar la sábana con la que el doctor Sánchez había cubierto el cadáver.

El señor Ronaldo yacía despatarrado sobre su Bergere, los brazos caídos a los lados y la cabeza inclinada hacia su derecha. Era rubio y vestía con una bata árabe, tal vez una galabeia de finas sedas. Tenía los ojos entreabiertos y su lengua, algo azulada, asomaba en la boca a medio abrir. Un hilo de baba reseco le colgaba de la comisura de los labios.

Elías se agachó y, dado que el señor Ronaldo usaba bigote, tuvo que esforzarse un tanto para descubrir mucosa en las narices, con lo que terminó de comprobar que la muerte se había debido a la asfixia. Después, le levantó despacio el mentón y la marca amoratada que le vio en el cuello, señal de un cable o algo parecido, sólo le sirvió como evidencia visual. Se volvió al señor Martínez.

-¿Sabe usted quién encontró el cuerpo?

Martínez negó con la cabeza.

-Alguien dejó una nota en el cuartel durante la noche, por debajo de la puerta. El cuartelero sólo reparó en ella hoy por la mañana, cuando se disponía a sacar las máquinas a la calle, para lavarlas.

-Cuando llegué, vi que el señor Ronaldo tenía esto sobre el pecho -añadió el doctor Sánchez. Había sacado algo de sus bolsillos y se lo enseñó a Elías-. Por desgracia no tenía uno de esos sachets plásticos que usan ustedes, esos con los que almacenan las pruebas -precisó-. Pero, dado que uso guantes de látex, si hay ahí alguna huella de seguro podrá encontrarla, espero. Tenga.

Elías miró el objeto. Era una bolita roja con un número en un costado, similar a las que usan para jugar al bingo en los hogares. Tenía el número setenta y tres.

-Gracias, doctor. Ahora -Elías se volvió a Martínez-, ¿puede llevarme al cuartel? Quizá haya alguna otra huella que nos permita descubrir quién dejó la nota.

-Por supuesto -concedió Martínez. Le asintió al doctor Sánchez y seguido le hizo una seña a Elías para que lo siguiera.

Ambos hombres iban a salir cuando Elías se quedó parado en el umbral.

-Señor Elías, ¿qué hace usted fuera de la estación?

Martínez se volvió y consultó a Elías con la mirada.

-Ustedes dos, ¿se conocen, caballeros?

Elías asintió, tratando de ocultar su turbación. Inspiró aire.

-Señor Martínez, permítame presentarle al oficial Manuel Martero, colega mío en la Prefectura Central de la Guardia Civil. Sí, nos conocemos hará un par de años.

No se podía decir que eran amigos, aunque se respetaban. En el pasado habían tenido algún lío por faldas, así que Martero tenía sus motivos para odiarlo, y sí, si lo habían enviado a él a ese basural que era Nueva Marruecos, significaba que alguien quería fastidiarlo de verdad.

Cuando abandonaron la casa del señor Ronaldo, tanto Elías como Martero repararon en el número que había en la puerta: 4473. Martero enarcó una ceja; Elías no dijo nada.

relato, suspense, policiaco
3.

-Ahora, quisiera pasar a una última pregunta, señora. Dado que los días por aquí suelen ser demasiado tranquilos, en especial los de invierno, imagino que ustedes tendrán algún pasatiempo, ¿verdad?

La mujer miró a Elías con gesto adusto, tratando de adivinar adónde se dirigía. Martero, en tanto, que como una sombra acompañaba a Elías a todas partes, sentado a su lado se estudiaba las uñas con parsimonia. Al final, la mujer sólo dijo:

-Nos basta con la televisión.

-¿No tienen ustedes -insistió Elías-, por ejemplo, juegos de cartas, un bingo, quizá?

-Ya le dije que sólo vemos televisión.

Se habían pasado tres días haciendo visitas similares. Elías siempre terminaba preguntando en cada casa si tenían un bingo, y cuando le contestaban que sí, pedía verlo, con la esperanza de que en la bolsa con las bolitas faltara la número setenta y tres y el juego coincidiera con la que conservaba del difunto. Por otra parte, la bolita que le había entregado el doctor Sánchez no tenía huellas dactilares. Además, habían registrado a conciencia el hogar del señor Ronaldo, pero no encontraron nada que sirviera. El difunto había sido empleado de ferrocarril en su juventud y su única rutina consistía en dirigirse cada fin de mes al banco del pueblo a cobrar el cheque de su pensión, y cuando salía para otra cosa sólo era para comprar víveres. No tenía cuentas pendientes con nadie, ni siquiera hacía anotaciones en algo como un diario de vida, no tenía cuenta bancaria, ni teléfono, ni tarjetas de presentación de otras personas que pudieran revelar un nexo con algo medianamente remoto; en fin, parecía que lo habían parido y dejado solo entre las cuatro paredes de su hogar.

-Esto no va a ninguna parte -dijo Martero cuando salieron de la casa de la señora-. Tu muerto es un libro en blanco.

-Eso es lo que me llama la atención -dijo Elías-. Aun suponiendo que el asesino hizo una especie de sorteo y le tocó el número premiado al señor Ronaldo, es demasiado raro que precisamente sea un sujeto sin conexiones con el exterior, una especie de ermitaño urbano, por así decirlo. ¿No te suena contradictorio?

Caminaron rumbo a la estación, las manos cruzadas detrás. Las hojas de los pocos árboles que había comenzaban a acumularse en la vereda, señal de que el invierno estaba próximo.

-¿Eso es lo único que te llama la atención? No me has preguntado cómo es que llegué poco después de que se cometiera el crimen.

-Bueno -dijo Elías-, tú mismo lo dijiste: que habían recibido una llamada en la central y que decía que yo estaba en peligro precisamente porque había abandonado la estación. Si la llamada la hizo el asesino o no, nunca lo sabremos.

-Como sea, parece ser alguien que está al tanto de la orden que tienes de no salir de esa estación.
Elías se detuvo. Martero se volvió.

-¿Ocurre algo, amigo mío?

Elías no dijo nada. Sólo reanudó el paso.

 

| < 1 > | 2 | Siguiente >>

Vampiro: Bajo la negra cruz: Una cronica para vampiro edad oscura
Vampiro: Bajo la negra cruz: Una cronica para vampiro edad oscura
Precio: 15,70 €
 Imágenes
relato, suspense, policiaco
relato, suspense, policiaco
relato, suspense, policiaco
relato, suspense, policiaco

 Vota este artículo


 Recomienda
 Emails separados por comas
| Formato imprimible |
Comentarios Votos Estrellas
2 2 ****
 
 
COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Se ha escrito un crimen
22-05-2008 15:03
El título del comentario viene en referencia a la serie de Ángela Lansbury, en la que te lo pasas muy bien con el planteamiento y el escenario, pero siempre te quedas un poco perplejo con el final. Vale, había elementos para seguir la trama, pero no para saber cómo desembocaría. Al menos que te la juegues al bingo.

Es la impresión que me ha quedado con tu relato. Se añaden muchos datos extra a última hora que desvirtúan un poco el papel "detective" del lector. Cierto es que éste no tendría por qué adjudicárselo, pero viendo el planteamiento de la historia, me parece la opción natural.

A parte de eso, ningún punto oscuro: buena redacción, buen ritmo y un escenario original. Bueno, una cosa sí, ¿es el Marruecos español? Lo digo por la guardia civil, lo que me choca con algunas expresiones que usan...

Curiosidades, mi abuelo Elías hizo el servicio militar en Marruecos :-)

   RE: Se ha escrito un crimen
22-05-2008 23:09
Hola, Akhul, cómo estás.
No, no se trata del Marruecos español. Cuando escribí este cuento, estaba pensando en la comuna de Padre Hurtado chilena, que antiguamente se llamó República de Nueva Marruecos (sobre el particular, para explicar el nombre sospecho que existe la posibilidad de que tu abuelo y el intendente regional de Santiago hayan hecho la mili juntos, haya algo que los ligue a Marruecos, o no sé, pero si se analiza con detención, ¿por qué a una comuna chilena más o menos periférica le iban a poner el nombre de una provincia española? Digamos que en el 53 había gobiernos radicales en Chile, se adoraba a Hitler y a Alemania en general, entonces no tiene sentido ponerle el nombre de una colonia. Interesante, por demás).
Bueno, pero como se trataba de hacer algo que escapara de lo local, reemplacé los elementos chilenos y los internacionalicé. Por ejemplo, podría haber usado la figura del carabinero en lugar de un guardia nacional, y je, je, si te despisté, significa que transforme un relato localista en algo que puede ser leído aquí y en la quebrada del ají, je,je.
Pues ná, un abrazop y la maquetación te quedó de pelos.
Silla.




Tiendas Online:

Otras webs de Planeta Ads Network:

MANGA - OCIO JOVEN | ULTIMAS NOTICIAS - ADN | Cursos a distancia - CEAC | CURSOS DE INGLES - HOME.ES | SERIES INFANTILES - PLANETA DIRECTO | NOTICIAS MADRID - ADN | CRUCEROS - OCIOCRUCEROS | FOTOGRAFIA - CONOCIO | Naves StarWars - PLANETA DeAGOSTINI | ADMINISTRACION DE EMPRESA - e-DEUSTO

Publicidad: Car Insurance - Car Loan - Loan - Loans - Web Advertising
Copyright Ociojoven Networks Publicidad Sobre nosotros Pobladores Aviso legal Trabaja con nosotros