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La última esperanza (II)


Relatos de Ciencia Ficción

03-10-2004 16:15
Por: Gandalf_Mithrandir

Un miembro de los rebeldes debe ir a un planeta grotesco y poblado por gente de la peor calaña para contratar a un cazarrecompensas.

Capítulo 2: Nah Klawks, cazarrecompensas

Una enorme pero obsoleta base espacial sobrevolaba la atmósfera del planeta Roth, donde se juntaba toda la calaña de la galaxia, desde simples cazarrecompensas hasta despiadados asesinos. El interior de la base no presentaba un aspecto mucho más moderno que el exterior, pero había más movimiento e incluso maquinaria de alta tecnología.

literatura, ciencia ficción
El profesor Krane caminaba por un largo pasillo de la base. Era un hombre de unos sesenta años, alto y delgado. Su cabello era corto y blanco como la nieve, así como su poblada barba. Hacía treinta años que había encabezado una rebelión contra el Imperio Galáctico, empezando por robar la base. Desde entonces combatían sin descanso contra el Emperador, convirtiéndose en sus peores enemigos.

El profesor Krane llegó junto a una puerta automática flanqueada por un hombre uniformado y armado con un rifle láser. El guardia vio al profesor y, saludándole al modo militar, le dijo con voz grave:

- Por favor, identifíquese al ordenador.

Jhon Krane le devolvió el saludo y colocó su mano derecha sobre la pantalla de un lector de palmas que estaba junto a la puerta. Inmediatamente, un lector de retina salió de la pared y escaneó el ojo del profesor. Cuando el ordenador reconoció al profesor, las puertas automáticas se abrieron de par en par.

- Perdone por tanto control - dijo el guardia, sonriendo débilmente -, pero es necesario. El número de Cambistas de Forma crece alarmantemente, y debemos evitarlo. Puede pasar, profesor Krane.

Jhon Krane inclinó levemente la cabeza en señal de gratitud y pasó al interior de la nueva sala. Inmediatamente, las puertas se cerraron detrás de él. El lugar estaba repleto de viejos ordenadores y computadoras, y obsoletas máquinas que ya no se usaban, pero allí no había nadie. Todo el personal científico se hallaba en la sala contigua, el laboratorio. Krane detuvo su paso y extrajo una cajita de uno de los bolsillos de su bata médica. En su interior había unos cuantos cigarrillos arrugados y maltrechos. Cogió uno y se lo llevó a la boca. Lo encendió con una cerilla y aspiró. El humo tenía un sabor amargo y desagradable, muy diferente al del tabaco que fumaba años atrás, antes de que se rebelara contra el Imperio Galáctico. En aquellos tiempos, Jhon trabajaba en un puesto imperial y el Imperio le proporcionaba tabaco fabricado por sus androides al estilo de La Tierra en sus años dorados. En cambio, los cigarrillos que fumaba ahora se hacían en la propia base, pero no tenían mucha experiencia. Recordó con amargura los buenos tiempos vividos y luego se concentró en la misión. Habían encontrado los restos de un androide en un vehículo de desperdicios imperial interceptado por soldados rebeldes. A pesar de estar en muy mal estado, el cyborg tenía expectativas de ser reparado. Quizás podrían recibir alguna información sobre el Imperio Galáctico. El profesor Krane aplastó la colilla del cigarrillo en un obsoleto cenicero que había en una amplia mesa en la sala y se dirigió al laboratorio. Nada más abrirse las puertas automáticas del lugar, Jhon detuvo su avance, impresionado. Allí, dentro de un enorme cilindro de cristal utilizado para reparar androides, estaba el que habían rescatado del vehículo de desperdicios. Al parecer, había sido arreglado con éxito, pues el robot había recuperado la conciencia. A pesar de que la metálica cabeza del robot no revelaba emociones, se podía leer en sus movimientos que estaba desorientado y asustado. Uno de los técnicos se fijó en la presencia de Krane e, inmediatamente, se acercó a él.

- ¡Buenos días, profesor Krane! - dijo -. ¿Cómo se encuentra hoy usted?
- Muy bien gracias - mintió Jhon. Los dolores producidos por la artrosis habían aumentado -. ¿Cómo va el asunto con el androide?
- Perfecto - dijo el técnico -, ya está preparado para su interrogatorio.
- Excelente - murmuró Krane -. Por cierto, ¿dónde se encuentra el general Sánchez?
- ¡Oh! Creo que sigue en el planeta Roth, buscando un cazarrecompensas que nos ayude con la misión.

Jhon asintió con la cabeza y miró al androide, que lo observaba atentamente, aterrorizado.

Como es sabido, en Roth se acumulaba toda la mala gente de la galaxia. Allí era bastante conocida una cochambrosa taberna frecuentada por cazarrecompensas de todo el universo. Raúl Sánchez, general del ejército rebelde, había ido a la taberna para procurar encontrar un cazarrecompensas que les ayudase en su lucha contra el Imperio Galáctico. Raúl era un tipo alto, de constitución fuerte y de cabellos negros cortados a la taza.

Después de larga búsqueda en la taberna, el general había encontrado un cazarrecompensas que parecía ideal. Se trataba de un koltie, raza procedente del planeta Arrakis, caracterizados por su complexión robusta y por la pequeña trompa de su cara, donde se juntaban boca y nariz. Además, los kolties odiaban especialmente al Imperio Galáctico. Éste en particular se hallaba frente la barra de la taberna, con Raúl a su vera. Mientras charlaba con el general iba metiendo su pequeña trompa en un vaso de un licor muy fuerte de Arrakis y le daba pequeños sorbos.

- Hoy es su día de suerte - dijo el koltie -, acaba de contratar usted a un cazarrecompensas muy bueno.
- Y yo me alegro de ello - respondió Raúl -, cuando quiera nos vamos a mi nave espacial.
- ¡Ahora mismo! - exclamó el koltie dándole una suave palmada en la espalda al general y acabando luego el contenido de su vaso.

En ese momento, la puerta del local se abrió violentamente, dando paso a un curioso personaje. Por su aspecto, se diría que era un humano, pero, de tantos artilugios que llevaba encima, parecía más una máquina que un hombre. Llevaba un visualizador electrónico en el ojo izquierdo, un brazo mecánico terminado en un imponente cañón en el brazo derecho y dos botas metálicas. Además, portaba en su cinturón gran cantidad de armamento. El punto final lo completaba un puro que descansaba en sus labios. El hombre miró con severidad de un lado al otro de la taberna, mientras que el visualizador no cesaba de iluminarse y pitar. Entonces, su mirada se detuvo en el koltie. El koltie le devolvió la mirada, pero no dijo nada y, sin prestarle la menor atención, se volvió al general y continuó charlando con él. Sin embargo, el otro hombre no apartó los ojos de él y empezó a caminar en su dirección, produciendo sus pisadas un ruido metálico. Varias extrañas criaturas, sentadas en diferentes mesas, observaron detenidamente al individuo, como reconociéndole, y rápidamente hablaban con sus acompañantes antes de soltar pequeñas carcajadas. El humano esbozó una imperceptible sonrisa mientras caminaba hacia el koltie.

Cuando el habitante de Arrakis vio al hombre detenerse delante de él, no pudo impedir sentirse algo nervioso e irritado. Le desagradaba profundamente la actitud de aquel misterioso individuo. Además, el hombre no paraba de escupir el humo de su puro en su cara. No pudiendo aguantar por más tiempo la ira que le embargaba, el koltie dijo de malas maneras:

- ¿Quiere usted algo? Lo siento, pero tengo que...
- Has perdido - susurró el hombre, interrumpiendo al koltie.

El humano extrajo una bola luminosa de un bolsillo de su pantalón y la lanzó al aire, donde estalló en una explosión de color, cegando al koltie. Raúl Sánchez se acercó al lugar de la acción, dispuesto a ayudar al cazarrecompensas, pero rápidamente detuvo su paso. El general observaba aterrado al koltie, que iba cambiando de forma. En pocos segundos se transformó en una estremecedora bestia, de crueles ojos rojos, colmillos afilados como cuchillas y orejas puntiagudas. Las garras de sus manos y pies llegaban para asustar al más valiente de los héroes. Era un Cambista de Forma, y ahora revelaba su verdadero aspecto.

El monstruo rugió de ira y vergüenza y miró furibundo al hombre, que le observaba atentamente, con tranquilidad. Aquel individuo había echado a perder sus planes de atacar la base del profesor Jhon Krane. Sin poder contenerse por más tiempo, el Cambista de Forma se abalanzó sobre el hombre, pero las botas metálicas que llevaba zumbaron y los propulsores de las suelas le hicieron elevarse varios metros por encima del monstruo y aterrizó a espaldas de él. La bestia gruñó decepcionada y desenfundó su pistola de protones y disparó un rayo luminoso verde. El hombre alzó el brazo mecánico, generando un escudo energético que repelió el ataque del monstruo. La criatura miró impresionada la forma en que, rápida y tranquilamente, aquel personaje había bloqueado su disparo. Sin más posibilidades para derrotar al hombre, el Cambista de Forma corrió hacia la puerta del local, con la firme intención de escapar del lugar. De repente, una de las criaturas que habían observado al humano le puso la zancadilla al monstruo, que rodó por el suelo en su caída. El hombre, tranquilamente, desenfundó su pistola desintegradora y apuntó sin prisas. En ese momento, el Cambista de Forma ya se había levantado y corría de nuevo hacia la puerta. Entonces, el individuo disparó y alcanzó al monstruo justo cuando había abierto la puerta. La bestia rugió de terror mientras su cuerpo se deshacía y finalmente se desintegró.

Un silencio sepulcral recorrió la taberna durante unos instantes, pero en seguida la banda que tocaba en el local continuó con su amplio y curioso repertorio musical para amenizar el ambiente. Raúl Sánchez miraba impresionado al hombre que había matado al Cambista de Forma. El individuo le devolvió la mirada y dio una profunda calada a su puro. Mientras aguantaba el humo en los pulmones, el humano apretó un botón de su brazo mecánico y se procedió a realizar una llamada videofónica. Antes de que el destinatario de la llamada contestase, el hombre dejó escapar el humo en volutas con forma de anillos. La imagen holográfica de una cara humana se formó encima del brazo mecánico.

- Bien, bien, misión cumplida - dijo el hombre -. Objetivo neutralizado. Pueden hacer efectivo el pago.
- Buen trabajo, señor Klawks - contestó la cara holográfica -, le estamos agradecidos por el servicio realizado. Le enviamos la cantidad acordada, 50.000 créditos.

La tez se desvaneció, dando paso a la imagen holográfica de un pequeño saco, el cual se materializó y cayó sobre la mano del humano. El individuo pesó el saco con la mano, sonrió complacido y lo guardó en el cinturón. Sin nada más que hacer, el cazarrecompensas dio media vuelta y se dispuso a irse. Sin embargo, Raúl Sánchez lo alcanzó y le pidió que esperara.

- Perdone - decía el general -, quería darle las gracias por salvarme de ese Cambista de Forma. Si ese monstruo hubiera conseguido llegar hasta mi base, ¡Me estremezo sólo de pensarlo!
- No me dé a mí las gracias - contestó el hombre -. Déselas a la estación Olimpia, que fue la que me contrató. Como puede ver, señor, soy un cazarrecompensas. Ahora tengo prisa.
- Ya suponía yo que usted era un cazarrecompensas - insistió Raúl -, pero aún así quería darle las gracias, señor.
- Klawks, Nah Klawks.
- Pues lo dicho - dijo Sánchez -, gracias por todo. La verdad es que usted me ha impresionado. ¿Cómo supo usted que ese koltie era en realidad un Cambista de Forma?
- Por mi visor - respondió Nah de mala gana, señalando al visualizador de su ojo izquierdo -. Analiza la composición molecular de todo ser conocido, y también me ayuda a apuntar con mi pistola.
- Señor Klawks - dijo Raúl humedeciéndose los labios con la lengua -, ¿estaría dispuesto a trabajar para nosotros? Le pagaríamos bien, siempre y cuando esté libre, claro.

Nah cambió de posición y le dio una amplia calada a su puro, procurando no molestar al general con el humo.

- Bien, me parece que es obvio que estoy libre - dijo Nah -. Acaba de ver que cumplí mi última misión. Acepto el encargo, aunque tengo una serie de normas que impongo siempre a mis clientes.
- Hable usted.
- Bien - continuó Klawks -, son éstas: 1.- No trabajo nunca para el Imperio Galáctico; 2.- Sólo acepto dinero en efectivo; 3.- Se me debe dar una parte de la recompensa antes de finalizar la misión. Ya ve, lo típico de un cazarrecompensas.
- Sí - admitió el general -, excepto en punto 1. Hay muchos que venderían a su madre por un puñado de créditos. Sé de gente que trabajó tanto para el Imperio como para los rebeldes. Bueno, acepto las condiciones. Hay un vehículo esperando en la ciudad. Nos llevará a mi base.

Nah Klawks le dio la última calada al puro y después de tirarlo al suelo lo aplastó con la bota derecha. Miró a Raúl, como sopesando lo que le había dicho, y luego dijo:

- Si no le importa, me gustaría ir en mi propio transporte.
- No hay problema - dijo Sánchez -, avisaré a la base para que den permiso a su nave para entrar.

Nah asintió con la cabeza y, seguido del general, abandonó la taberna y puso rumbo a la única ciudad del planeta Roth, Tyrin.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   a ver...
06-10-2004 00:11
antes de nada. No sé si soy el único que se ha dado cuenta de las semejanzas que tiene el relato con respecto a la saga de Star Wars. Cito unas pocas:

El título es "la última esperanza", como el episodio IV de dicha saga.

se utilizan rifles láser.

Hay un emperador malo con un imperio galáctico y un grupo de rebeldes que le hacen frente

Hasta ahí vale, pero cuando al caza recompensas le pagan en "Créditos", uno ya sospecha.

Si es un relato basado en Star Wars, no estaría de más que lo dijeras, porque confunde un poco. En el caso de que, supuestamente, no esté basado en Star Wars....sin comentarios.

algunas anotaciones con respecto al relato:

"el Imperio le proporcionaba tabaco fabricado por sus androides al estilo de La Tierra en sus años dorados. En cambio, los cigarrillos que fumaba ahora se hacían en la propia base" --- el profe se hace sus propios cigarros, vale. Pero, ¿De donde saca el tabaco?. ¿Tiene una plantación en la nave?.
Creo que deberías especificar esto, aunque reconozco que soy puntilloso en este aspecto, pienso que podría dar lugar a pensar que el relato lo has escrito sin revisar.

"El profesor Krane aplastó la colilla del cigarrillo en un obsoleto cenicero" --- me cuesta creer que un cenicero esté "obsoleto", que ya no sirva para la función para la que originalmente fue creado, que es lo que significa esa palabra. En fin, un cenicero siempre será un cenicero ¿No?. ( me pregunto que diría Heráclito de todo esto)

"Cambista de Forma se abalanzó sobre el hombre, pero las botas metálicas que llevaba zumbaron y los propulsores de las suelas le hicieron elevarse varios metros por encima del monstruo y aterrizó a espaldas de él. La bestia gruñó decepcionada y desenfundó su pistola de protones y disparó un rayo luminoso verde" --- no creo que hallas puesto tantas conjunciones para recurrir al recurso gramatical, así pues, creo que ese trozo podría retocarse.

Como toque final ( y muy puntilloso) hay una duda que no puedo aclarar, lo reconozco, por falta de conocimiento.
Me pregunto si un ser, cuando cambia de forma, cambia también de estructura molecular.
Sinceramente, no soy biólogo y no tengo ni la más remota idea, y tampoco me he documentado para este comentario, lo siento. Todo aquello de las moléculas lo di hace mucho tiempo en el colegio pero, creo que si cambia de forma, su estructura molecular cambia también. Con nuevos órganos, piel, etc etc... Por tanto, si es así, el caza recompensas no vería más que a la nueva criatura, osea, lo mismo que todos los demás.

Un saludo.

   RE: a ver...
07-11-2004 17:38
Hm... es verdad que se parece sospechosamente al mundo de Star Wars... pero dejando eso de lado, me gustó bastante el relato. Mucho más que la primera parte. Luego leeré la tercera.

   RE: a ver...
06-10-2004 12:51
Te explico, que lo tenía que haber puesto antes: efectivamente, en la base tenían plantaciones de tabaco. El Cambista de Forma sólo copia el aspecto externo de otras criaturas, pero no internamente, aunque sí también las habilidades. No me refiero a habilidades como las de escupir veneno y esas cosas, sino por ejemplo la fuerza.
Un saludo y gracias por comentar.

   Mejorando
03-10-2004 16:19
La primera parte no me agradó, pero esta ha supuesto un cambio. Es cierto que el aroma típico sigue ahí, pero se me antoja un más detallado trabajo en el texto y eso sí que me gusta.

Espero continuaciones.

   RE: Mejorando
04-10-2004 12:41
Gracias por comentar el relato. Supongo que hoy mismo mandaré la continuación




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