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Elvián en Las intrigas de la Corte(4)


Relatos de Fantasía

26-05-2003 19:44
Por: Gandalf_Mithrandir

Elvián y Trueno han de hacer algo para salvar la vida de Grant, el cuidador de caballos

Capítulo IV: Corre, Trueno, corre

techElvián y Trueno han de hacer algo para salvar la vida Grant, el cuidador caballosCapítulo IV: C
Elvián continuó visitando con asiduidad a Trueno y, poco a poco, el caballo se había ido recuperando. Con el tiempo, el animal sanó completamente sus heridas y el corcel fue capaz de trotar de nuevo. Siempre que veía al joven príncipe parecía que se le iluminaba la cara, y hasta case se podría asegurar que sonreía. Tal era el aprecio que se tenían mutuamente que el rey Brath decidió regalarle el caballo a su hijo. El heredero al trono aceptó el regalo con gran amor hacia su padre.

Uno de los días que Elvián fue a visitar a Trueno, el Mago Astral decidió acompañar al joven príncipe y estudiar personalmente el estado del caballo. Y así fue como ambos partieron hacia las caballerizas, el heredero al trono con ropa sencilla, pero con su insignia real, y el anciano hechicero con su túnica azul y su sombrero picudo. Ahora el príncipe no era el centro de atención de las humildes gentes de Parmecia, sino el simpático y amable Mago, porque rara vez salía del castillo, salvo que algo de gran urgencia reclamara su atención. En cambio, Elvián salía a menudo del palacio para atender al caballo y visitar a la anciana ciega que tenía el puesto de manzana con caramelo en la feria. El príncipe le había contratado a la mujer un buen cocinero para que mejorara el horroroso sabor de las manzanas.

Cuando llegaron a las caballerizas, Astral y Elvián se toparon con una desagradable sorpresa. Un grupo de orcos enviados por el Señor de la Oscuridad habían entrado en Parmecia y atacado el establo, haciéndose pasar por orcos de Harssom. Por fortuna habían sido abatidos por la Guardia Real y por un hatajo de orcos de Harssom y de trolls que se habían acercado para ayudar. Pero eso no había evitado que las malvadas criaturas hubieran matado varios caballos y malherido a Grant, quien estaba siendo atendido por un médico. Sin embargo, la flecha que había alcanzado su brazo derecho estaba impregnado con un veneno, lento pero mortal, y tan sólo contaba con un remedio. Astral era el único que conocía la flor que podía salvar al vigoroso hombre, pero se hallaba lejos del castillo. Sólo había una solución:

-Elvián -dijo el viejo Mago sin mirar al príncipe-. Sólo tenemos una oportunidad para salvar a Grant. Veo que Trueno no ha sufrido daños en el ataque, y también que está totalmente recuperado. Debes cabalgar sobre él e ir en busca del antídoto para salvarle.
-Pero -repuso Elvián-, no está domesticado. No me permitirá montar.
-Mira -replicó Astral-, tú y Trueno os habéis echo inseparables. Sois amigos. Si hay alguien a quien esté dispuesto a llevar sobre su lomo, ese eres tú.
-¿Estás seguro de eso? ¿Crees que me consentiría cabalgar?
-Seguro que sí, Elvián -dijo el Mago-. Tú sólo inténtalo. Háblale con dulzura y cuéntale lo que pasó.

El joven príncipe siguió el consejo de Astral y se acercó con paso inseguro a Trueno. Le habló a la oreja con serenidad y sin su habitual pedantería, contándole lo que ocurría con Grant. Por entonces, el corcel había recuperado la confianza con el robusto cuidador, y no deseaba que nada malo le pasase. Lentamente, Elvián apoyó las manos sobre el lomo de Trueno y se impulsó hacia arriba. Pasa su sorpresa, el caballo permitió que el príncipe se sentase y acomodase sobre su espalda y relinchó para saludarle. Astral se acercó a su vez a ambos amigos y clavó su mirada en el heredero a la corona.

-Bien -dijo-, ahora te diré lo que tienes que hacer. Hay muy lejos de aquí un bosque llamado Eudora. En él encontrarás una flor que sólo crece allí. La flor en cuestión tiene pétalos violetas y azules. Montado en Trueno, irás hasta Eudora y me traerás una de esas flores. Es lo único que puede salvar a Grant. Llevaremos al hombre a un cuarto del castillo.
-De acuerdo -dijo Elvián-, iré allá. ¿Cuánto tiempo nos queda?
-No mucho -repuso Astral-, así que apresúrate.

El joven príncipe asintió y salió al galope a una velocidad asombrosa, sorprendente en cualquier caballo. Sin embargo, tuvo que volver atrás, porque le faltaba una información demasiado importante.

-¡Astral! -gritó-, ¡no me has dicho en qué dirección está Eudora!
-Al norte -respondió el Mago.

Elvián habló de nuevo con Trueno y juntos salieron disparados como una flecha hacia el norte. Grant hizo un esfuerzo y alzó la cabeza en dirección al jinete y su caballo. Realmente le sorprendía que el purasangre permitiera que el príncipe le montara, aún más que la impresionante velocidad que llevaban. Astral se arrodilló junto a él y empezó a examinar la herida.

Mientras tanto, el heredero al trono trotaba sobre el caballo a gran velocidad, en una carrera contra el tiempo. No podía permitirse ni un respiro. Afortunadamente, parecía que Trueno soportaba bien el trayecto y todavía no presentaba signos de cansancio. Pero aún les faltaba mucho para llegar a Eudora, y la vida de Grant dependía de aquella misteriosa flor. Sin embargo, le tranquilizaba la idea de estar junto a su adorado caballo, que había consentido llevarlo sobre el lomo. Elvián acarició con dulzura la crin de Trueno, y éste respondió acelerando la carrera. Ante ellos se presentaba un paisaje pseudo desértico, sin nada que llamara la atención. Mirase a donde mirase, el joven príncipe veía lo mismo: una planicie que llegaba hasta donde alcanzaba la vista. Tendrían que darse prisa si querían salvar la vida del robusto cuidador.

 

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La rubia de hormigón
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Precio: 10,00 €
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