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Esta es una historia de Cadval, el asesino, ladrón, mercenario, contrabandista... que por voluntad del DEstino acabó siendo el Exetar del Rey Vandroval el Joven de Zalmé, bisnieto de Faryn Mauchen, Alto darwyddan de Lòrenn., el mundo en el que se ambienta mi novela.
Bienvenidos al Ritual.....
El viento azotaba con fuerza en la cima de la colina, silbando furioso entre las ramas de los altos y esbeltos pinos negros que se alzaban como hieraticos vigilantes en lo más alto de aquel promontorio. El ulular del viento parecía el gemido de una decena de almas, que suplicaban misericordia y descanso eterno.
O quizás lo eran realmente.
Cahldrid no sabía que creer. Por un lado, ya era un muchacho mayor --tenía casi dieciséis años, edad a la que los varones del Señorio del Norte se les consideraba hombres-- y por lo tanto aquellas supersticiones debía de echarlas a un lado, considerarlas creencias de viejas, charletas fantásticas... Pero, mientras avanzaba pesadamente por la falda de la colina, su mente no debjaba de evocar una y otra y otra vez las historias de miedo que su vieja tía le había le habí acontado a él y a sus hermanos desde que apenas aprendieron a caminar y hablar.
Aquellas historias, la mayoría, siempre tenían como punto de referencia aquel promontorio, la Colina de los Sin Sombra, o La Cima de los Atrapaalmas. Eran historias que tenían siglos y siglos de antigüedad, que las madres habían relatado a sus hijos y nietos durante muchas generaciones. El muchacho había preguntado una vez a su padre quienes eran los Sin Sombra.
-Son Antiguos, hijo mío. Seres nacidos mucho antes que los hombres. Hijos e hijas del propio mundo. Pero no pienses en ellos, pues hace mucho tiempo que desaparecieron del mundo. Está es la era de los hombres. Lo demás, son cuentos y leyendas para entretener a los niños y dar que hablar en el calor de las hogueras.
Y allí se acabó el asunto. Calhdrid se quedó sólo con "los Antiguos". Lanric, un amigo suyo, le había dicho que creía que eran Elfos, pero el muchacho había sacudido la cabeza y dicho a su amigo que los Elfos eran criaturas de la luz, y los Sin Sombra era un apodo demasiado tenebroso para ellos.
-A lo mejor, son criaturas de Moradhar -había susurrado Lanric, tras un corto silencio. Cahldrid rememoró como le había latido el corazón de desbocado en aquel momento. Aquel era el nombre del Exterminador de la Luz, un nombre que nadie se atrevía a pronunciar en voz alta, y casi nunca en susurros.
Ante las palabras de Lanric, el joven Chaldrid se había limitado a asentir. Y este era el pensamiento que traía consigo el muchacho. Quizás, los Sin Sombra, fueran seres del Exterminador, como los grällor.
Calhdrid nunca había visto uno, pero su padre si. Decía que varios aún habitaban en las montañas y que de vez en cuando bajaban a lo spueblos próximos a saquearlos o simplemente robar reses y ovejas... o niños.
Pensar eso le hizo encogerle el corazón. Quizás, habian sido los grällor los que habian secuestrado a su hermana.
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