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Cronicas de Vaarun- Sombras sombre el mas grande reino 2º Parte


Relatos de Fantasía

13-11-2002 11:18
Por: Alaun

Higgins viaja hasta el Edificio del Consejo de Gremio buscando ayuda entre los magos mientras el resto de grupo viaja a Baras donde deben de reunirse con el anciano mago

- Vamos.- le ordenó al caballo tirando de las riendas.

¿Cuánto hacía que no volvía a aquel lugar? Posiblemente demasiados años. Había decidido abandonarlo al conocer a Corel y Kira cuando estos no eran más que unos críos y los tomo bajo su protección abandonando su tranquila vida como integrante del Consejo para admiración de unos y desconcierto de otros. Aquel gran mago dejaba su puesto para dedicarse a criar a dos huérfanos.

Aunque exactamente la palabra criar no sería el termino exacto. Ambos se dedicaron de aprender por si mismos, pues la magia jamás los atrajo, y el mago solo se dedico a su bienestar físico. Y es que aquel pequeño que repetía una y otra vez que su nombre sería recordado por las mismas estrellas del firmamento le había conquistado el corazón. Y no menos la pequeña Kira, dura pero sensible, madura e infantil a la vez.

Se detuvo ante las puertas que daban al jardín del consejo. Las rozó suavemente con la mano derecha, palpando cada relieve. Estas tenían impresas sobre sí un impresionante dibujo que parecía representar una encarnizada lucha entre un grupos de magos y una pequeño ejercito de dragones. La roca sobre la que esta dibujado acusaba el paso del tiempo y algunas partes de éste no aparecían, desgastadas. Dejó lanzar un suspiró de melancolía.

A los pocos segundos las puertas parecieron ceder por si solas. Poco a poco se fueron abriendo mostrando el enorme jardín interior. Ante sus ojos apareció una pequeña comitiva de magos. Llevaban sus rostros ocultos tras mantos. Uno de ellos, excesivamente alto diría el anciano mago, se aproximó a él.

- Los extranjeros no son bienvenidos en estas tierras.- le dijo fríamente y señalando el camino por el que había venido- le rogamos que vuelva por donde ha venido.

Higgins esbozó una leve sonrisa.

- No soy del todo un extraño... soy Higgins Thalforun, antiguo miembro del Consejo.

Los magos que se encontraban a la espalda del que hablaba a Higgins murmuraron.

- ¿Sucede algo?- preguntó el anciano sorprendido.
- ¿Y no te acompañan tus pequeños?- le preguntó uno de los que se encontraban detrás adelantándose unos pasos y mostrando su faz al mago. El corazón de Higgins dio un vuelco.

¡Samuel!- gritó y se abalanzó sobre aquel hombre.- Mis pequeños ya no son tan pequeños.

No debía de tener mucho años menos que el anciano. Mostraba un cuidado pelo largo, canoso en su totalidad. En su rostro se dibujaban multitud de arrugas. Sonrió y respondió el abrazo.

- ¡He llegado a pensar que no volvería a verte, loco viejo!
- Aquí me tienes.- respondió alegremente Higgins.
- ¿Y Corel? ¿Kira?
- Mi vuelta solo responde a informaros de un suceso del que creo debéis tener conocimiento... además, sabes que nunca los traería aquí... Ahora están viajando hacia el reino de Baras, me debo reunir con ellos dentro de cuatro días así que no puedo permanecer con vosotros más de un día.

Samuel notó el semblante serio de su amigo.
- ¿Qué ha sucedido?
- No creo que sea este lugar de hablar, será mejor entrar... solo te diré que han acontecido sucesos que me turban... además el viaje ha sido largo y desearía descansar.
- Sí, claro, por supuesto.- les hizo señas a dos de aquellos hombres.- Haceros cargo de su caballo...
Y tras ellos las puertas se cerraron con un gran estruendo.


- ¿Falta mucho?- preguntó uno de los pequeños.

Kira lo miró comprensiva.

- No estáis acostumbrados a viajar, es normal que estéis cansados. ¿Queréis beber algo? ¿tenéis hambre?

Los dos infantes negaron. Corel detuvo la marcha. Observó el mapa de nuevo e indicó hacia unas montañas próximas.

- Tras ellas debe encontrarse Walls, ¿tú que dices Edgard?
El muchacho al oír su nombre se sobresaltó. Observó el paisaje y asintió.
- Sí, mi padre y yo nos dirigíamos a Walls por aquí, tras esas montañas.
Corel sonrió complacido.
- Después deberemos de buscar la forma de cruzar el Bareen. Tal vez podamos alquilar alguna embarcación.- comentó Kira.

Saulo se mantenía alejado del grupo. Masticaba en silencio una pieza de fruta extraída de su saco. A los ojos de los niños aquel ser era lo más parecido al gran dios Zabulon, divinidad de la guerra. Con su pelo largo y negro y su tez blanca hasta el extremo parecía más bien un cadáver andante. Vestía una pequeña armadura blanca llevando como complemento una capa de color oscuro.

Los pequeños mantenían una distancia prudencial con Saulo en todo momento. En ninguna ocasión habían intercambiado ninguna palabra con él, a diferencia de la mujer, el guerrero y el enano. Parecía que el nigromante siguiera con el grupo más por necesidad que por amistad.

- Debo detenerme a descansar.- comentó Talot mientras detenía el paso de su potrillo.
- Sí, creo que es hora de detenernos.

Hemos recorrido mucho en estos 6 días, podemos hacer un pequeño descanso.
Talot se bajó con desgana del animal animando al pequeño Thomas a que le siguiera. Edgard se mantuvo junto a Corel y Kira que fueron a amarrar a los animales a un árbol cercano. Saulo, por su parte, ni siquiera se bajó del caballo. Se mantuvo quieto observando el horizonte.

- ¿Y una vez en Baras que vamos a hacer?- preguntó Edgard.
El guerrero pareció dudar.
- Nos reuniremos con Higgins... y luego... los dioses dirán.
- Pero os prometemos que los que atacaron vuestra aldea pagarán por ello.- complementó la mujer.

Edgard se mantuvo en silencio y bajó el rostro. Su cuerpo se tambaleó suavemente y comenzó a gimotear.

- Mis padres...

Kira, rápida como siempre, se agachó junto al pequeño y lo abrazó. Corel suspiró nervioso. Sin embargo algo hizo que ambos se posicionaran en posición de ataque desenvainando sus espadas. Había comenzado a oírse un extraño ruido que pese aún lejano parecía dirigirse a aquella dirección.

- ¿Qué es eso?- preguntó nervioso Edgard.
- ¡Rápido, escondámonos!- ordenó Corel.
Abandonaron el camino adentrándose entre la vegetación. Poco a poco aquel sonido fue acercándose.
- Parecen caballos... a trote...- comentó en voz baja Corel.
A los pocos segundos se hicieron visibles varias figuras. Corel acertaba. Ante ellos cruzaron a toda velocidad multitud de hombres montados en caballos.

Calcularon que aproximadamente debían ser algo más de doscientos.

Tras su paso esperaron unos segundos antes de salir evitando un posible contacto con alguno de ellos que hubiera quedado rezagado.

- ¿Qué sucede aquí?- se preguntó intrigada Kira.
- Parecía un ejercito... y parece que se dirigen hacia Portualias.- contesto Corel.
- Pues llegan un poco tarde...- comentó sarcástico Saulo.
- Me he fijado en el emblema de sus armaduras... juraría que era el del reino de Quadar...
- ¿Estas segura?- preguntó el guerrero.
La mujer afirmó.
- Pero el reino de Quadar se encuentra en la costa norte de Vaarun. Además, incluso si se dirigen a Portualias... ¿qué les interesa de una pequeña ciudad?

A los pocos segundos regresaron Talot y el joven Thomas provistos de frutas.

- ¿Habéis oído eso?- preguntó el enano.- ¿Qué era?
- Parece ser que el ejercito de Quadar...- le respondió Corel.
- ¿Cómo? ¿Y que hacen aquí?
- Se dirigían hacia Portualias...- añadió Kira.
- ¿Para que? Pero si ahora mismo no será más que...- el enano se detuvo y miró con tristeza a los pequeños.
- Eso mismo nos preguntábamos.
- Tal vez quede algo de valor allí...- comentó Saulo.
- Da igual que fueran a hacer... no nos incumbe.- concluyó Kira.- Ellos sabrán que es lo que buscan allí. Tenemos que llegar a Baras. Higgins nos esperará allí.
- ¿Qué es eso?- preguntó Thomas señalando hacia unos enormes matorrales que se encontraban a espaldas del grupo.
- ¿El qué?- el enano se acercó hasta ellos y al comprobar que había allí cayó al suelo por la sorpresa maldiciendo su suerte.
- ¿Qué sucede?- preguntó Kira mientras ayudaba al viejo enano a ponerse en pie.
Corel se adelantó adentrándose en la vegetación mientras desvainaba su espada. La vegetación daba paso a un pequeño claro en el que dos figuras de piedra eran bañadas por la luz del sol que traspasaba las nubes.
- Trolls...-dijo finalmente el guerrero.
Edgard apareció tras él.
- ¿Esos son trolls?
- Sí, así es. El amanecer debió de cogerlos por sorpresa...

El pequeño los rodeo observando cada centímetro de aquellas enormes estatuas de piedra. Tenían ambas manos a la altura de sus rostros con los potentes brazos estirados hacia el cielo, en un desesperado acto por protegerse de la luz solar. Su cuerpo solo estaba cubierto por un enorme taparrabos que les llegaba hasta las rodillas. Mantenían los ojos y las bocas abiertas, pareciendo querer lanzar un grito de terror.

- ¿Y no van a volver a su forma normal?
- Eso puede representar un problema...- susurró Saulo acercándose a las figuras.
- Será mejor destruirlas.- opinó Talot.
- ¿Vamos a matarlos?
- Claro, Edgard. En caso contrario cuando anochezca no les costaría demasiado seguir nuestro rastro... No quiero tener ningún problema más.- respondió Corel-Ayúdame Talot.

Ambos se situaron a espaldas de los trolls y comenzaron a empujar las estatuas. Poco a poco fueron inclinándose hasta caer de bruces contra el suelo chocando violentamente y provocando un estruendo. Se rompieron haciéndose añicos quedando esparcidos por todo el suelo.

- Ya está.- concluyó el guerrero.- Volvamos al camino.
- ¡Esperar! ¿Oís eso?- preguntó Kira.
El grupo se mantuvo en silencio.
- ¿El qué? Yo no escucho nada.- respondió el enano.
- ¡Precisamente! Todo el bosque se ha callado de golpe.
- ¿Qué quieres decir?
- No lo sé. Es muy extraño.
- Vale, de acuerdo. Volvamos, marchémonos de aquí ya.- concluyó Corel volviendo al camino y seguido por el grupo.
- ¡Siento algo!- dijo nerviosamente el nigromante.
- ¿Qué sucede, Saulo?- le preguntó Kira.
- Siento... siento un poder tremendo... en aquella dirección.- dijo señalando hacia el frente.
- ¿En dirección a Watts?
- Si, Corel.
- ¿Y sabes que es?
El nigromante no respondió.
- Se acerca a una velocidad increíble.- acertó a decir.
- ¡El ejercito de Quadar! ¡Ya entiendo!- gritó la mujer.- Si lo que dice Saulo es cierto... ese poder debe de seguirlos.
- Lo preocupante no es eso, Kira.- dijo Saulo.- Lo que me preocupa de verdad es que es el mismo poder que sentí antes de que atacaran Portualias.
- ¿¿Qué quieres decir??
- Sí... son ellos... otra vez... vienen hacia aquí.
Un sudor frío los recorrió a todos.
- ¿¿Entonces vienen hacia aquí?? ¿¿En serio?? ¿¿Estas seguro??- preguntó nerviosamente Talot y el nigromante afirmó con la cabeza.
- ¡Bien! Tenemos que irnos ¡ahora mismo!
Todos corrieron en dirección a los caballos.
- ¡Thomas! Tú te montas conmigo.- gritó Corel.- Talot... no creo que tu pony sea lo más...
- ¿Adecuado? Creo que te olvidas que Kalery es un pony criado por silvettis igual o incluso más veloz que tu caballo. Además, es robusto y firme... no tendré problemas. Los niños deberían venir conmigo... podríamos adelantarnos y avisar a la ciudad de Watts...
Corel iba a replicar pero el enano lo calló.
- ¡Tranquilo! Podrá con los tres.
- Entonces ir con Talot. Creo recordar que Watts es una ciudad fortificada, ¿no? ¿Edgard? Tú ya has estado allí.

El niño asintió.

- Eso nos puede ayudar... Sea como sea tenemos que irnos de aquí ahora mismo.
- Ya...casi están...- susurró Saulo.
- Vamos, rápido, subir.- Talot ayudó a Thomas a subirse.- Nos vemos en Watts. Tener cuidado. ¡Vamos, Kalery!
Y el pony comenzó a galopar a una velocidad pasmosa dejándolos atrás en muy poco tiempo.
- ¿Oís eso?- preguntó Saulo.
Era perceptible un leve sonido similar a un maullido que según se iba acercando iba tornándose en casi un rugido.
- Son ellos...- murmuró Corel desvainando su espada.
- ¿Pero piensas hacerlos frente?

No hubo tiempo de responder. El bosque que era visible desde su posición comenzó a oscurecerse como si un manto negro hubiera caído sobre él.

- ¿Pero que demo...?- pronunció Kira mientras avanzaba un poco.
- ¡Venga! ¡Vamonos!.- el caballo del guerrero galopó cuesta abajo adentrándose entre los árboles seguido por Kira y Saulo.

Separándose unos metros del camino se escondieron entre la vegetación.
- Deben de pasar por aquí...- dijo en voz baja Corel.

El ruido fue haciéndose cada vez más y más insoportable. A los pocos segundos fueron visibles, corriendo por el camino a gran velocidad. Montaban oscuros caballos que respiraban jadeantes a cada segundo.

- ¿Qué diablos son esos seres?
- Ya os lo dije... no son de ninguna raza conocida. Han sido convocados por alguien.- respondió el nigromante.

Su forma era casi imposible de describir. Aparentemente parecían sombras, sombras en pie que gruñían pidiendo sangre, de no ser por lo voluminoso de su forma. En ellos no era apreciable nada más que unos rojos ojos. No parecían blandir ningún tipo de arma ni armadura.
- ¿Qué hacen?- pregunto desconcertada Kira.

Se habían detenido en mitad del camino. Parecían... parecían estar olisqueando algo. Uno de ellos destacó entre todos situándose unos metros más adelante.
- ¡A partir de aquí nos separaremos!
- ¡Por todos los dioses! ¡Hablan!- exclamó sorprendido Corel.
Aquel ser se giró rápidamente mirando hacia la dirección en la que se encontraban los tres guerreros.

- ¿Qué ha sido eso?

El grupo se quedó totalmente inmóvil conteniendo la respiración.

- ¡He oído algo!
Se adelantó un par de metros más.
- ¿Habéis oído algo?
Los demás respondieron en un idioma que ninguno de los tres conocía pero por su reacción la respuesta debía de ser simple: no.
- ¿Por qué no callas la boca cuando tienes que hacerlo?- le preguntó irónicamente Kira a Corel y este se encogió de hombros.
- ¡A partir de aquí nos separaremos! ¡Que tres o cuatro sigan al enano con los niños! ¡Pero no los matéis! Los demás venir conmigo, mataremos al ejercito de Quadar. ¡Que ninguno se olvide de cumplir su misión! No podemos fallar.
Kira se acercó a Corel.
- ¿Cómo pueden saber que Talot y los niños van hacia Watts?
El guerrero se encogió.
- No podemos permitirlo... tenemos que entretenerlos.
- Sí...pero... ¿Kira?... ¡Kira!
La mujer abandonó la vegetación mostrándose ante aquellos seres que la miraron llenos de sorpresa.
- ¡Esa es la hembra! ¡Matadla!
- ¡Venir a por mi si podéis!
Y todos a una se abalanzaron con la intención de tirar del caballo a Kira, que veloz, pudo salir corriendo siendo perseguida por varios de ellos adentrándose en el bosque.

El ser que antes había hablado lanzó un bramido y ,abandonando su posición, comenzó a perseguir a Kira. Justo cuando pasaba junto a Corel y Saulo el primero se lanzó sobre él tirándolo del caballo y cayendo ambos al suelo. Se reincorporaron y dedicaron unos segundos a observarse.

- ¡Saulo! ¡Ayuda a Kira!- ordenó el guerrero y el nigromante obedeció, lanzándose a la carrera.
¡Vosotros! ¡Perseguir a ese hombre!- gritó aquel ser.

Los que aún se encontraban allí no dudaron en seguir a Saulo dejándolos a ellos dos solos.

Biennnnnn...-susurró.- Según lo planeado a ti no te tocaba morir aún... pero aquellos que buscan la muerte no tardan en encontrarla.

- ¡Solo eres uno! No tendré problemas en eliminarte.- respondió desafiante el valeroso guerrero blandiendo al aire su arma.

Higgins observaba el patio interno del edificio desde el ventanal de la habitación. Abajo, a una veintena de metros, varios grupos de estudiantes practicaban sus conjuros. Se alejó del cristal acercándose a la cama sobre la que se encontraba su bolsa de viaje. Subió los dos escalones que la situaban por encima del suelo y se sentó sobre ella. Cerró los ojos y respiró profundamente.

Como signo de amabilidad hacia su persona habían preparado su habitación para su estancia con ellos. Estaba según la recordaba. Su amplia y cómoda cama, la enorme alfombra roja que cubría todo el suelo, en la cual se mostraba un unicornio montado por un Elfo. Las estanterías con cientos y cientos de libros. Se acercó a ellos y uno a uno fue examinando sus títulos: “ Invocadores: el auge del espíritu”, “ Ese Gran Secreto, la Magia de los Antiguos”... y así un centenar más.

- ¡Debes darte prisa!- pensó y agarró con fuerza el saco cogiendo con una de las manos el bastón. Se encaminó hacia la puerta y está de abrió de golpe. En la estancia entraron Samuel seguido de varios magos.

- ¿Ya te vas?- le preguntó su amigo y el anciano asintió.- Pues entonces veo que hemos llegado a tiempo.
- ¿A tiempo?
- ¡Para despedirnos! ¡Por supuesto!- le respondió dándole un fuerte abrazo.
- ¿Ha decidido algo el Consejo?- preguntó fríamente.
- Sé que lo que te voy a contar no va a ser de tu agrado... pero ha decidido no hacer nada.
Higgins no disimuló su sorpresa.
- ¿¿Cómo??
- Tranquilízate... estamos seguros que el ataque a Portualias es un hecho aislado, que no va a repetirse...
- Debes estar hablando en broma... aquel ejercito no era algo de este mundo... El nigromante que viaja con nosotros opina que son el resultado de algún tipo de conjuro... quién lo genera una vez lo puede hacer dos y tres...
- Pero debes entender... no podemos precipitarnos... ¡Imagina que en realidad no es nada! ¡Podríamos desencadenar una guerra! Muy seguramente el ataque fue llevado a cabo por algún reino que tenía rencillas con Portualias. ¡Nada más!
- Debéis estar locos. ¡Mis chicos están ahora ahí fuera! ¡Y vosotros no pensáis hacer nada!
- ¿Tus chicos? ¿Kira y Corel? Creo que saben defenderse mejor que nosotros mismos.
Se creó un incomodo silencio en la estancia.
- ¡Pues entonces creo que debo irme ahora mismo! ¡Aquí no tengo nada que hacer! ¡Ha sido una estupidez venir!
Apartó a los magos de su camino y se adentró en el amplio pasillo que daba paso a las diferentes estancia de aquella ala.
- ¡Higgins, espera! ¡No me has dejado acabar de contarte!
- ¡No hay nada que contarme! ¡En definitiva pensáis quedaros aquí de brazos cruzados! ¡Solo espero que más tarde no tengáis que arrepentiros! Pido a los dioses por ello.

El caballo corría veloz por el bosque esquivando cada árbol. Kira sacudía las riendas con fuerza.

- ¡Maldita sea! ¡Corre! ¡Corre más!
Aquellos seres la seguían muy de cerca, apenas la separaban una decena de metros del más próximo. Ellos rugían y maldecían. El caballo de Kira saltó con precisión un pequeño tronco que se encontraba tirado en el suelo y a los pocos segundos de esto se encontraba ya fuera del bosque corriendo por un valle lleno de animales que salieron huyendo al aproximarse. Más cerca había un pequeño riachuelo que cruzaron rápidamente.
- ¿Dónde? ¿Dónde esta Watts?
Uno acabó por alcanzarla e intentó golpearla con la mano pero ella esquivó el golpe para propinarle un puñetazo. El ser perdió el equilibrio y cayó al suelo siendo pisoteado por sus compañeros.
- ¡¡Allí!!- gritó al divisar las murallas de Watts.

Aminoró levemente la velocidad. Para su sorpresa Saulo se encontraba a unos 300 metros de su posición. Parecía estar leyendo el libro que siempre le acompañaba y en su mano erguida sostenía su oráculo. Dijo algo y al instante la tierra que lo rodeaba vibró, aquello asustó a los caballos que se detuvieron en seco provocando que varios de aquellos seres cayeran a tierra. Sabiendo lo que iba a suceder a continuación Kira obligó a su montura a correr hacia la derecha alejándose de los seres que no sabían muy bien que hacer.
La tierra vibró una vez más, pero con más fuerza y la zona que rodeaba a Saulo pareció resquebrajarse para luego elevarse dando forma a diez descomunales seres de piedra, de cinco metros de altura aproximadamente.

- Golems...- susurró la mujer.
Saulo señaló con su oráculo al grupo que se mantenía quieto, desconcertado.
- ¡¡Destruidles!!- gritó ordenando y las criaturas se lanzaron a la carrera. Los oscuros seres hicieron lo propio en dirección a las criaturas de piedra. En ese momento Saulo cayó en la presencia de Kira y la instó a que siguieran en dirección a Watts lo más rápido posible.

Al alcanzar su posición le agradeció su intervención pero Saulo solo masculló.

El choque entre ambos grupos fue fortísimo. Dos de los diez golems cayeron a tierra seguido de cientos de los otros seres. Unos segundos después se encontraban inmersos en una encarnizaba lucha.

Corel y el cabecilla de aquellos seres luchaban a muerte a un par de kilómetros de allí. Los movimientos de ambos contrincantes era rapidísimos y habrían dejado a más de un caballero de Dodoria pasmado, conocidos estos por su fiereza y rapidez en el combate. Mientras que Corel se defendía con su espada el oscuro ser lo hacía con sus brazos que soportaban sin problemas el impacto del arma. Por primera vez en mucho tiempo el guerrero se encontraba en problemas. No lograba mantener una separación de seguridad mínima con su contrincante ni lograba ventaja alguna. La fiereza de la lucha era tal que a los pocos minutos de empezar el guerrero ya jadeaba.
Se movían continuamente, recorriendo el camino. Corel intentó golpearlo varias veces en la cabeza con la esperanza de que centrara toda su atención en defender aquel punto pero no fue así, más bien parecía hacer caso omiso a los golpes del guerrero.

 



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