“El rostro de pi estaba enmascarado; se sobreentendía que nadie podía contemplarlo y continuar con vida. Pero unos ojos de penetrante mirada acechaban tras la máscara, inexorables, fríos y enigmáticos...” (B. Russell, La pesadilla del matemático)
Sentimientos. Vínculos. Emociones. Flujos de ánimo que alteran completamente nuestro día a día. El trabajo, las amistades, el amor, incluso las convicciones morales. Todo condicionado a los sentimientos.
No sé adónde me llevarán estos párrafos. Escribo completamente a ciegas, intentando dejarme llevar por lo que creo que es un derecho de la condición humana que estamos enterrando en el olvido: el derecho del odio. Odio hacia el mundo en el que vivimos, hacia nuestros propios defectos y hacia el inmovilismo y la aceptación de una realidad que nos viene prefabricada.
La soledad del héroe sólo por los héroes es conocida. Un héroe no es más que el fugitivo de un sistema. Puesto que ese sistema pervive porque nadie se le une en la lucha, ser un héroe conlleva estar solo.