Con las manos entrelazadas, atravesamos los caminos detenidos del bosque, la maleza ascendiendo de nuestros tobillos a las pantorrillas y, finalmente, alcanzando nuestra cintura, sumergiéndonos en un océano de roces y pinchazos.
Cuando tenía seis años, yo y mi hermano Freddy, que me llevaba cuatro, solíamos jugar en los bosques agrestes que rodeaban el complejo militar en el que vivíamos con mamá.
En un futuro cercano España ya no es sino Al-Andalus, una provincia conquistada por el Nuevo Califato. ¿Toda? No, un puñado de valientes, herederos del Cid, resiste siempre y todavía al invasor...