(...)Si todo esto es cierto, debemos concluir que la ciencia no se aprende de la manera que ciertas gentes pretenden. Se jactan de poder hacerla entrar en un alma donde no existe, poco más o menos del mismo modo que se volvería la vista a un ciego. (...)
Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.
Aquí de Cipïón la vencedora
colonia fue. Por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente.
De su invecible gente
sólo quedan memorias funerales,
donde erraron ya sombras de alto ejemplo.
Historia que me gusta personalmente como ha quedado, pienso que su valor estético la hace merecedora de lectura a pesar de su longitud mayor que lo usual por estos lares.